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Expedición Manantial 7 Cumbres
“Colombia subiendo por el mundo”

Objetivos logrados

La Expedición Manantial 7 Cumbres, organizada totalmente por Epopeya, tiene como propósito
el desarrollo y puesta en práctica de un modelo de consolidación de equipo, del cual se deben
obtener tres resultados específicos:

  • Colocar la bandera de nuestro país en la cima más alta de cada continente y de los dos polos.

  • Transmitir a una nueva generación de escaladores las experiencias de los
    integrantes de las expediciones colombianas a las montañas más altas del mundo.

  • Destacar las marcas de nuestros patrocinadores y auspiciadores, empleando
    mecanismos como el free-press que generan los grandes logros deportivos internacionales.

El equipo (por orden alfabético)

Patrocinadores y auspicio

Acompañan a Manantial Panamco, el principal patrocinador (por orden alfabético):

  • Aviatur
  • Bodytech
  • Boeringher
  • Café & Crêpes
  • Colseguros
  • Delta Airlines
  • Epopeya
  • FCV
  • Huerta de Oriente
  • IC
  • Kellogg’s
  • Panamco
  • Pfizer
  • Totto

Programa

Montaña

Ubicación

Altura

Resultado

 Fecha

Everest

Asia (Nepal - China)

8.848 m

Cumbre 5 escaladores

Mayo 2001

Aconcagua

América (Argentina)

6.959 m

Cumbre todos los escaladores

Febrero 2003

McKinley

Ártico (Alaska)

6.194 m

Cumbre 6 escaladores

Junio 2004

Kilimanjaro

África (Tanzania)

5.895 m

Cumbre todos los escaladores

Sep. / Oct. 2002

Elbrus

Europa (Georgia)

5.642 m

Cumbre todos los escaladores

Septiembre 2003

Carstensz

Oceanía (Nueva Guinea)

5.030 m

Pendiente de realizarse

 

Vinson

Antártida

4.897 m

Pendiente de realizarse

 


Crónica
Montañismo en Colombia: un camino, una meta, un ideal

Por Marcelo Arbeláez Buraglia

Un camino

Erwin Kraus, nacido en Bogotá en 1911, es considerado por los conocedores como el padre del montañismo colombiano. Hijo de inmigrantes alemanes que llegaron a Colombia a comienzos del siglo XX, desde muy joven realizó los primeros ascensos y reconoció muchos sitios con vocación para el montañismo.

Sin embargo, sólo hasta los años 70 revive esta pasión y surgen reconocidos hombres como el alemán Hubert Frank y el polaco Cristóbal Szafransky, que dio los primeros cursos de escalada técnica en roca en 1979. Es entonces cuando se revitaliza la escalada en alta montaña y en roca. Entre otros jóvenes escaladores, Gonzalo Ospina y Alberto Castro empiezan a explorar las rocas de Suesca y con ello se da inicio a una actividad en la que se han destacado excelentes deportistas.

En 1981 se fundan el Club del Escalador y la Federación Colombiana de Montañismo, que han significado un valioso aporte a la bitácora de la alta montaña y la escalada en roca en Colombia. En los 90 se da inicio a un nuevo concepto, la escalada en muro artificial, actividad que ha tomado fuerza en todo el mundo y que para muchos ha tenido un desarrollo mayor que las modalidades de alta montaña y escalada en roca. En la actualidad existen numerosos gimnasios de escalada en muro artificial, llevando a las ciudades la actividad de montaña.

Una nueva meta

El montañismo como práctica deportiva ha sido visto por parte de los escaladores colombianos como una meta alcanzable, siempre y cuando se cuente con el apoyo necesario  para su posicionamiento y organización. Hasta la fecha, ninguna institución nacional ha considerado al montañismo como un deporte y este reconocimiento aún no llega. A pesar de esto, distintos grupos de montañistas colombianos han logrado conformarse como un solo equipo, cuya meta es demostrar que este deporte es capaz de generar grandes expectativas en el país, y han comprobado que aquellas personas que lo practican, lo convierten en su razón de ser.

En 2001, tres de los escaladores que hoy hacen parte de la Expedición Manantial 7 Cumbres conquistaron la cima más alta del mundo, el Everest, 8.848 m, demostrando su gran categoría y preparación para esta hazaña.

Juan Pablo Ruiz, Marcelo Arbeláez, Manuel Arturo Barrios y Nelson Cardona han dedicado gran parte de sus vidas a este deporte, alcanzando las más altas cumbres colombianas. La Sierra Nevada del Cocuy, con más de 28 picos nevados y paredes de 500 o 600 m de altura, la Sierra Nevada de Santa Marta, con 18 picos nevados, y las rocas de Suesca, entre otros, han sido los escenarios perfectos para el desarrollo del montañismo en Colombia. Más allá de las fronteras, los altos picos de los Andes desde Ecuador hasta Argentina, las cumbres de los Alpes, las grandes paredes de roca de Norte América y las más altas montañas del Himalaya han sido objetivos deportivos de estos incansables montañistas colombianos.

Hoy, su larga experiencia se reúne con la de una nueva generación de montañistas con gran estado físico y dominio técnico. Estos guerreros de la roca y la alta montaña han emprendido numerosas expediciones que los han llevado silenciosamente por varios continentes, acompañados de una tula y un morral.

Un ideal

El ideal de muchos escaladores colombianos es tener los medios y la posibilidad de conquistar más lugares y alcanzar altas cumbres que permitan hacer de este deporte uno de los más representativos de nuestro país.

Es el mismo ideal que han perseguido hombres como Erwin Kraus, Hubert Frank y Cristóbal Szafransky, quienes no sólo se convirtieron en los pioneros del montañismo en el país, sino que han sido modelo para las nuevas promesas de este deporte en Colombia.

Gracias a la gestión llevada a cabo por Epopeya en 2001, cuando la empresa privada y la pasión de un grupo de montañistas colombianos se unieron bajo nuevo objetivo, nació la Expedición Manantial 7 Cumbres, cuya meta es alcanzar la cima de la montaña más alta de cada continente, bajo el slogan “un equipo, un país, 7 cumbres”.

Denali, maestría bajo cero

Por Juan Pablo Ruiz Soto

Junio 20 de 2004

La expedición al monte McKinley, o Denali, con 6.194 m y 62º de latitud Norte, ha sido una de las dos expediciones del Programa Manantial 7 Cumbres que más lecciones y experiencias nos han dejado.

Hubo muchas experiencias nuevas para el grupo desde el inicio, al tocar sus laderas de hielo y nieve. Comenzamos con un viaje en avioneta desde Anchorage, que nos “descargó” sobre una pista de hielo en el glaciar de Kahiltna a 2.200 m. Allí mismo iniciamos la marcha sin más apoyo que el de los 12 miembros de la expedición: transportamos cerca de 800 kilos de equipo técnico, comunal y personal, además de alimentos para 20 días.

De los miembros del Programa Manantial 7 Cumbres, hubo cuatro personas claves que tuvieron que desistir de acompañarnos: Luis Alberto Camargo –quien actuó como “gerente” de la primera expedición al Everest en 1997 y apoyó logísticamente la Expedición Manantial Everest 2001–, por compromisos profesionales adquiridos con anticipación. Al no ir ‘Lucho Pepa’, como le decimos, el reto de las comunicaciones quedaba entonces en manos de Alberto Carrizosa, quien además de haber apoyado financiera y logísticamente el proceso del Everest, nos ha acompañado en las cumbres de este programa, en especial con el tema de las comunicaciones. Muchas preguntas tecnológicas han sido resueltas por Alberto. Además, en esta oportunidad nos apoyó con el panel solar y la batería de acumulación de energía para alimentar el teléfono satelital y el computador, también provistos por él. Faltando pocas semanas, una combinación de dificultades laborales le impidió acompañarnos.

A solo una semana de partir, otras dos bajas sensibles, el médico Carlos Rodríguez y Manuel Arturo Barrios. Al médico –a quien se conoce en el mundo de la montaña como ‘el Yactor’ o ‘el Italigereño’, por su origen ibaguereño y la pretensión italiana en sus modales– lo sorprendió la medicina preventiva, pues su especialidad es el manejo del dolor en pacientes terminales. Faltando una semana nos dijo que no podría ir, pues no logró el permiso en el hospital. Manolo, nuestro experimentado guía de montaña, quien ya había estado en el Denali 5 veces y en su cumbre 3, tuvo una escoliosis que lo dejo fuera de posibilidades. No solo dejó de ponerse sus botas tejanas para salir a los alrededores de Ibagué, sino que tendrá que abandonar por unos meses sus botas de alta montaña.

Los vacíos en logística y primeros auxilios que nos dejaron fueron cubiertos por dos nuevos invitados que desde hace unos meses habían solicitado participar en la expedición: Luis Andrés Romero y Raymond Bodenmann.

Como en la Expedición había 3 ‘Luchos’, para diferenciar a Luis Andrés se le llamó ‘Luchocho’, pues ha tomado algunas manías gringas. Luchocho fue clave en todo lo relacionado con compra de comida, hospedaje en Anchorage, compra o alquiler de equipo faltante, transporte Anchorage-Talkeetna, pago del ingreso al Parque Nacional Natural de Denali y adquisición de tiquetes en la aerolínea K-2, que nos llevaría de Talkeetna al glaciar Kahiltna. Además su inglés –que dio sus primeros pasos en el jardín infantil en Bogotá y luego mejoró algo en la Jorge Tadeo Lozano, donde pagó 10 semestres de administración y tuvo la suerte de graduarse– se ha pulido tanto que ahora parece de origen neoyorkino. Cerca de Nueva York ha pasado los últimos 17 años con su familia norteamericana. Luchocho fue fundamental, pues no sólo se definió como interprete del grupo, sino que participó activamente en la definición y ejecución de la logística hasta los 4.200 m en el “campamento Médico” desde donde, después de explorar los 5.000 m, tuvo que regresar para cumplir con sus obligaciones laborales.

Ya antes de Luchocho, Marcelo Arbeláez había tenido que abandonarnos por razones de trabajo. ‘Chelo’ nos ayudó a portear comida e implementos que luego serían claves para alcanzar la cima.

Quien estuvo con nosotros todo el tiempo, y de alguna manera se convirtió por sus dotes y conocimientos en el “jefe natural” y asesor principal, fue Raymond Bodenmann. Desde el día anterior a tomar el vuelo de Delta para Atlanta, Raymond se insinuó como el “experto del Denali” y se hizo notoria su gran capacidad para el manejo de los temas logísticos. Una vez en Anchorage, al entrar al almacén de la REI, fue con él que se definió cuántas estacas comprar para asegurar las carpas en la nieve, qué tipo de seguetas y cuántas se requerían para cortar los bloques de hielo que debíamos sacar para proteger los campamentos, qué medicinas hacían falta, etc. Luego, al iniciar las actividades de montaña en el campamento base, se fue haciendo evidente su experiencia y conocimiento del arte del montañismo. A todos nos cautivó su manera muy señorial de tratar a la gente y de inducirnos a actuar de manera coherente con el objetivo propuesto y dentro de una gran armonía como equipo.

A mí, como “jefe nominal”, el comportamiento de Raymond me trajo de inmediato a la mente la experiencia que he vivido en mi trabajo, en el Banco Mundial, especialmente en un proyecto donde nos acompaña como miembro del equipo Cees de Haan, un “jubilado” de Banco Mundial, experto en ganadería, que aunque no es el “jefe nominal” es el “jefe natural” de grupo de supervisión del proyecto. Sus conocimientos y experiencia hacen que todas las determinaciones se le consulten o sean directamente tomadas por él. Para todos es natural que cuando las cosas se ponen difíciles o hay que tomar una determinación importante, Haan es el primer consultado.

Fue claro para mí que debía dar a Raymond un espacio en la dirección de la expedición, que para todos era conveniente apoyarnos en su conocimiento, que para él era “natural” y fácil ejercer ese liderazgo. Desde la primera noche en la montaña, Raymond y yo ocupamos la misma carpa, la carpa de la “jefatura”, y aunque algunos miembros de la expedición me llamaban ‘Jefecito’, en realidad el jefe era Raymond. Personalmente aprendí mucho de él.

Por todo el apoyo y dirección de Raymond, en nombre de la expedición al Denali quiero agradecer su grata y valiosísima compañía:

Todos hemos aprendido de tu comportamiento y aprovechado tu conocimiento. Por ello, queremos decirte que has estado no una vez, sino seis, en la cumbre del Denali. Siempre estuviste presente cuando ‘Piqui’, ‘Beto’, Ana y yo conversamos en la cima y, sin duda, también estabas en la mente de ‘Lucho Salsa’ y de ‘Rafa’ cuando terminaron la difícil West Rib. Muchas gracias Raymond, esperamos seguir contando contigo como miembro y como jefe de futuras expediciones.

No quiero concluir sin hacer mención especial a los “west-riberos”: Lucho Salsa, Rafa y Katty, quienes en condiciones extremas de mal clima iniciaron el ascenso por la vía West Rib el 27 de mayo, para concluirla el 5 de junio, cuando Lucho y Rafa salieron al “campo de fútbol” y avanzaron victoriosos a la cumbre. Katty en ese momento nos acompañaba en el campamento Médico y fue tan meritorio su ascenso hasta 5.000 m como lo fue para Lucho y Rafa hasta los 6.194 m por una ruta dedicada sólo para los más duros y experimentasdos escaladores. Un ejemplo de técnica y determinación la que lideró Lucho. Felicitaciones, hacía falta algo como esto para afirmar el proceso de las 7 cumbres.

Tan importante como la participación de Raymond y de Luchocho ha sido el apoyo de Olga Lucía Navas desde la dirección de Epopeya en Bogotá. Olga Lucía nos ha apoyado todo del tiempo. Cristina Ossa, por su parte, ha hecho un gran esfuerzo para comunicar a las familias, amigos escaladores y a los medios los resultados, a pesar de que el teléfono satelital no nos colaboró mucho en esta oportunidad; tal es su compromiso, que ha llegado a regañarnos cuando no atendemos de manera organizada a los medios de comunicación.

El patrocinio de Manantial, Delta, Colseguros, Kellogg’s y Epopeya, y la participación de Relojes Polar y Body-Tech, han sido claves para que hoy podamos reportar la quinta de las 7 cumbres establecidas en el proyecto de llevar la bandera de Colombia a la cima más alta de cada continente, el Círculo Polar Ártico y el polo Sur. Esperamos seguir contando con el apoyo de todos ustedes.

El Elbrus, la cuarta cima

Por Juan Pablo Ruiz Soto

El ascenso al Elbrus, en la cordillera del Cáucaso, fue largo y frío, la montaña es grande y su glaciar se extiende por mas de 20 kilómetros. El grupo compuesto por diez montañistas, nuestra guía Elena y el psicólogo del equipo Edgard Martínez –conocido entre nosotros como ‘Bimba’–, partió a las 2:00 am de un lugar conocido como “los Barriles”, ubicado a 3.750 m y que funciona como campamento base. Salimos muy temprano porque sabíamos que nos esperaba un glaciar extenso y que la diferencia de altura que debíamos superar era de 2.000 m. Este reto nos recordaba el que afrontamos en el Kilimajaro, en Tanzania, donde en la última jornada tuvimos que superar también 2.000 m para alcanzar los 5.840 m de su cumbre. Aunque el Kilimanjaro es un poco más alto, la magnitud del glaciar del Elbrus es incomparablemente mayor que el de la cima africana. Esta vez en el Elbrus debíamos iniciar la caminata sobre el glaciar desde el primer minuto al salir de “los Barriles”.

El Elbrus está mucho más al norte que el Kilimajaro y por ello es sensiblemente mas frío. Desde la 1:00 am alistamos nuestras chaquetas de plumas, las chaquetas cortavientos, los guantes interiores y los exteriores de goretex, los pantalones impermeables, las gafas anti tormenta y las botas dobles para estar preparados frente a los posibles vientos helados que enfrentaríamos durante la jornada. Hacía poco una expedición española había debido esperar 5 días en el campamento base para intentar la montaña, y 4 semanas antes dos guías canadienses murieron mientras intentaban la cima Este en medio de la niebla. Así, aun conociendo que la montaña no presentaba retos técnicos sobresalientes, era mejor salir bien aperados.

A las 5:30 am habíamos alcanzado los 4.700 m y el ritmo del grupo era muy satisfactorio. Ya se sentía un fuerte frío que se acentuaba por al sensación térmica generada por los vientos relativamente fuertes que empezaban a soplar. Al hacer el receso, nuestro querido doctor Bimba, el sicólogo, manifestó que se encontraba un poco fatigado y que, para no retrasar al grupo, prefería quedarse caminando a su ritmo acompañado por un guía. Acordamos seguir al paso que veníamos y recoger a ‘Bimba’ a nuestro regreso, dejándole entonces avanzar sin presiones para que alcanzara una cota próxima a los 5.000 m mientras nosotros intentábamos la cumbre. Esta sin duda, era la terapia sicológica más apropiada; si sigue entrenando como hasta ahora, sin duda en unos años nos acompañará a mejor ritmo a una de las cumbres que aún quedan por hacer.

Un grupo de 5 que iba más rápido y ligero se fue adelante mientras los demás avanzaban en la retaguardia. Nos encontraríamos en la cumbre o cerca de ella. A medida que ascendíamos el viento soplaba mas fuerte y frío, por lo que tuvimos que hacer uso de casi todo el equipo de protección.

Después de un amanecer totalmente despejado y un tanto frío, nos detuvimos para consumir algunos alimentos de Huerta del Oriente acompañados con agua Manantial que traíamos en nuestras morrales Totto. Compartimos alegremente media hora antes de continuar la marcha. Nelson Cardona –‘Piqui’– nos recordó que antes de partir de Moscú había hablado con su esposa, quien le comentó que su hija Sofía se encontraba un poco mal del estómago. Esto tenía preocupado a nuestro poeta paramuno, quien en su trabajo en el Parque Nacional de los Nevados, al ser reconocido por algunos de los visitantes como miembro sobresaliente del equipo Manantial 7 Cumbres, se auto identifica como “un simple frailejón más, en el páramo colombiano”.

Hacia las 9:30 am, cuando el primer grupo compuesto por Luis Felipe Ossa, Ana María Giraldo, Katty Guzmán, Luis Alberto Camargo y Carlos Alberto Camargo arribó a la cima, el viento soplaba muy fuerte y le impidió esperarnos en la parte más alta de la montaña. Media hora más tarde, al iniciar el descenso, nos encontramos los dos grupos, el nuestro compuesto por Marcelo Arbeláez, Manolo Barrios, Nelson Cardona, Miguel Vidales y Juan Pablo Ruiz. Después de la correspondiente felicitación, dos de los miembros que ya habían alcanzado la cima continuaron el descenso, pues se encontraban bastante fríos, y los otros 8 avanzamos a la cumbre.

La meta se cumplió plenamente, pues los diez escaladores alcanzamos la cima del Elbrus. Bimba, por su parte, alcanzó los 5.200 m y demostró un gran progreso como montañista.

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