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EpopeyaExpedición Manantial Everest 2001

Objetivos logrados

  • En esta expedición gestada totalmente por Epopeya se demostró al país y al mundo
    lo que los colombianos podemos hacer cuando tenemos objetivos comunes
    en la búsqueda de un sueño.

  • Por primera vez cuatro colombianos lograron la cima de la montaña más alta
    de la Tierra, mediante un adecuado trabajo de equipo.



El equipo

Patrocinadores

  • Manantial Panamco

Auspiciadores

(Por orden alfabético)

  • Aces
  • Aviatur
  • Bayer
  • Chaid Neme
  • Citibank
  • Fuji
  • Instituto Nacional de Cancerología - ESE
  • Laboratórios Abbott
  • Laboratorios Roche
  • Opepa
  • Orbinet IC Inversiones Carrizosa
  • Saludcoop
  • Seguros Colpatria
  • Spigo
  • Totto
  • Whitehall Laboratorios

Itinerario

Marzo 20, 2001   Salida Bogotá - Frankfurt - Delhi - Kathmandu (Nepal).
Marzo 22 al 28  Estadía en Kathmandú. Trámites administrativos y compra de provisiones.
Marzo 29 al 31 Traslado aéreo a Lukla, 2.500 m. Organización del trekking.
Abril 01 al 08   Trekking Lukla - Namche Bazar - Campamento Base (Tíbet, China).
Abril 09 al 15 Instalación campamento base, 5.420 m. Aclimatación.
Abril 16 al 30  Apertura de ruta y escalada hasta 7.400 m. Instalación Campamentos I, II y III.  Regreso al campamento base.
Mayo 01 al 12 Campamento 2 - Campamento 3 (8.300 m)
Mayo 13 al 23   Asalto a la cumbre, 8.848 m.
Mayo 24 al 30 Retirada de la montaña.
Mayo 31 a junio 07 Trekking de regreso a Lukla.
Junio 10  Viaje aéreo Lukla - Kathmandu.
Junio 15 Regreso a Bogotá.


Crónica
Las voces del Everest

Por Juan Pablo Ruiz Soto y Marcelo Arbeláez Buraglia


Después de triunfar en 1999 en el Cho Oyu a 8.201 m, el nuevo reto de los escaladores es alcanzar para Colombia
la máxima altura sobre la Tierra, el monte Everest, en el corazón de la cordillera del Himalaya.

¿Por qué logramos la cumbre? ¿ Qué encontramos en el camino a la cima? ¿ Qué nos une y nos permite trabajar como equipo?

Hace unos días leímos con sorpresa, un artículo de Carlos Mauricio Vega, publicado en este mismo medio, y titulado los “Secretos del Everest”. Un título atractivo, acompañado de un subtítulo provocador: “¿Dejaron dos colombianos de ayudar a unos moribundos por lograr la cumbre en 2001? ¿Los dividió la gloria de la cima? El lado desconocido del triunfo, a la luz de una vieja polémica”. A renglón seguido, un texto que reseña historias de las escaladas al Everest y luego el tema central, su polémica versión de nuestro ascenso, cuando formando parte del primer equipo colombiano en lograr la cima del mundo, llegamos a los 8.848 m del Everest en mayo 24 del 2001.

Las preguntas claramente planteadas eran abordadas de múltiples formas y acompañadas de nuevos interrogantes. Solo en una esquina del recuadro final se resuelve la polémica, cuando haciendo referencia al descenso de Jaime Viñals afirma: “Como Viñals –un guatemalteco que pasó la noche cerca de la cima– prácticamente no respondía, decidieron –los norteamericanos– abandonarlo. Cuando Viñals escuchó esto, animado por el oxígeno y el agua de Juan Pablo, se levantó y comenzó a bajar como un zombi”. Jaime descendió y hoy, sano y salvo, intenta la cumbre más alta de las islas mayores del mundo.

El periodista resolvió el interrogante principal, pero a lo largo de su crónica deja cabos sueltos, especialmente cuando habla de los rusos y de afirmaciones de los norteamericanos respecto a nuestro comportamiento. Es por ello que nos vemos en la necesidad de relatar nuestra versión y aclarar algunos aspectos que el artículo de Vega deja planteados de manera polémica y quizás nociva para propósitos del desarrollo del montañismo en Colombia.

El comienzo de la cordada

Nosotros, Marcelo y Juan Pablo, logramos la cumbre como cordada. Una cordada que se inició en 1973 durante una entusiasta excursión escolar del Gimnasio Campestre, en la que intentamos la cumbre del nevado del Tolima. La cordada empezó a consolidarse en nuestro quinto intento al mismo pico en 1975, cuando logramos su cima. Así nacieron nuestros sueños de montaña, entre los cuales el que más fuerza desarrolló fue el del monte Everest. Sueño que pudimos convertir en realidad gracias al escalador y fotógrafo Cristóbal von Rothkirch, alumno de Marcelo en la Escuela del Club El Escalador y compañero de Juan Pablo en el programa Glaciares y Volcanes de Colombia, ascendiendo las 65 cumbres más altas del país.



Primeros problemas con la altura


Fue Cristóbal quien consiguió el primer permiso para que un equipo colombiano intentara en 1997 la cima del Everest. En esa oportunidad no lo logramos, sólo alcanzamos los 8.200 m. Fuertes vientos nos impidieron llegar a su cumbre. Posteriormente, y gracias al apoyo de Alberto Carrizosa, mecenas del montañismo colombiano, pudimos avanzar en el proceso. En 1998 el monte Manaslu (8.168 m), y en 1999 el Cho Oyu (8.201 m), ambos en el Himalaya. Fue, en el marco de la expedición “Colombia Manantial Everest 2001” y gracias a una “ventana” de buen tiempo, que nuestro equipo pudo lograr en dos cordadas, con condiciones similares de técnica, fuerza, experiencia y determinación, la cima del mundo. Una cordada estuvo conformada por Manolo Barrios, Fernando González-Rubio y Roberto Ariano, y la otra por Nelson Cardona, Marcelo Arbeláez y Juan Pablo Ruiz.

Partimos camino a la cima el 19 de mayo. Al día siguiente, en el Campo Uno, nos sorprendió que el más fuerte de la cordada hasta ese momento, Nelson Cardona, tomara la determinación de devolverse, pues no se sentía suficientemente aclimatado para intentar la cima. Una fuerte afección bronquial le impidió adaptarse adecuadamente a la altura, por ello tuvo que renunciar a su intento de cumbre.

Hacia la cumbre del Everest

Como en el Nevado del Tolima 30 años atrás, pero esta vez en las laderas de la cima del mundo, emprendimos (Marcelo y Juan Pablo) el camino en busca de nuestra meta. Determinación e incertidumbre había en nuestros espíritus. El 24 de mayo en la madrugada, a 8.300 m, salimos hacia la cumbre. Delante nuestro había partido, también para la cima, parte del equipo norteamericano que tenía la tarea principal de ubicar los cuerpos de Andrew Irvine y George Mallory, los legendarios escaladores ingleses desaparecidos en 1924 en su intento de cumbre. Esta expedición compuesta por más de 10 montañistas y no menos de 20 sherpas nepaleses, ya había logrado la cumbre con algunos de sus miembros. Una semana antes de nuestro intento, uno de sus sherpas les había abierto la ruta, apertura que también nos benefició, pues marcó una huella importante.

Aquel 24 de mayo, 2 norteamericanos y 3 sherpas que intentarían la cumbre fueron los primeros en salir. Por ello también fueron los primeros en encontrar a los rusos, una mujer y dos hombres, sobre una arista aproximadamente a 8.500 m. Como reseña Vega en su artículo, cuando nosotros llegamos al punto donde estaban los rusos, éstos ya habían sido auxiliados por los norteamericanos y nosotros les dimos agua y oxígeno. Luego ellos iniciaron el descenso en compañía de uno de los sherpas de la expedición norteamericana quien, por orden de uno de ellos, les aprovisionó de oxígeno y les acompañaría hasta los 8.300 m del Campo Tres. Dos norteamericanos, acompañados de sus sherpas que porteaban oxígeno adicional, continuaron el camino. A los pocos minutos nosotros seguimos tras su huella.

Los colombianos portábamos nuestro propio oxígeno y no teníamos en ese momento compañía de sherpas, lo cual nos obligaba a ir más despacio. Los norteamericanos contaron durante la expedición con más de 20 porteadores para trabajos en altura, mientras el equipo colombiano disponía tan solo de un porteador de altura, quien llevó el oxígeno a 8.300 m. Hasta esta altura no usamos oxígeno pero, a partir del allí, porteamos nuestro propio oxígeno, además de agua y alimentos. Mientras ascendíamos lentamente hacia la cima, los rusos descendían hacia el Campo Tres.

La escasez de oxígeno genera confusiones

Fue a 8.700 m que encontramos a Jaime Viñals y a Andy Lapkass, quienes después de hacer la cumbre al final de la tarde del día anterior, habían pasado una dura noche a la intemperie, sobreviviendo al “bivouac” más alto en la historia de esta montaña. También allí llegamos después de los norteamericanos. Mientras ellos atendían al guía norteamericano, nosotros –como lo reseña Vega– le ofrecíamos agua y oxígeno a Jaime. Media hora más tarde llegaron hasta ese lugar un español y un sherpa que le acompañaba, con quienes intercambiamos unas pocas palabras antes de que continuaran camino a la cumbre.

Allí empezaron a generarse las confusiones, pues en principio los norteamericanos reseñaron al grupo español como parte el equipo colombiano. La falta de oxígeno en el aire y de conocimientos de geografía e idioma fueron fuente de confusión para los norteamericanos. Varios días después en la base y en medio de una aireada discusión reconocieron la precariedad de su entendimiento de la situación y lograron diferenciar entre colombianos y españoles. Los españoles habían tenido un altercado con los norteamericanos cuando, en el descenso, un español pasó al grupo donde iban los rescatados. Una versión inicial de los norteamericanos en su página web, donde acusaron a los colombianos de malos tratos a los rusos, y de no atención a Viñals y Lapkass, fue corregida por sus mismos autores y reinterpretada por la prestigiosa revista Climbing, a la que hace alusión Vega. Reinterpretación que, al igual que la de Vega, tiene vacíos interpretativos y genera polémica.

Qué sucedió realmente sobre los 8.300 m

Dado que Jaime Viñals es quien mejor puede aclarar lo sucedido, transcribimos apartes de su libro “La conquista de Siete Retos” (2002) y que dice al referirse al momento del encuentro a 8.700 m: “Los americanos fueron los primeros en llegar donde estábamos nosotros, de hecho fueron Jasón (Tanguay) y Tap (Richards) primero, y unos minutos más tarde fue Dave (Hahn). Después, creo que como 20 minutos mas tarde, llegaron los colombianos Juan Pablo Ruiz (jefe de la expedición colombiana) y su compañero Marcelo Arbeláez, con quienes convivimos gratos momentos durante el tiempo de espera en el campamento avanzado. Al llegar donde estábamos se detuvieron y nos dieron un poco más de agua, lo cual sentimos como bendición, ya que habíamos pasado las últimos 18 horas sin probar una gota de agua y menos comer algo, de todos modos el organismo produce una sensación de rechazo al alimento a esta altura extrema. Los amigos colombianos nos dieron algunos dulces y chocolatinas que nos cayeron “de perlas” como suplemento energético. Por lo que entre los americanos y los colombianos tuvimos la ayuda suficiente para sobrevivir, gracias a Dios. Una vez que Andy y yo mostrábamos más estabilidad y los americanos se hicieron cargo de la situación, ellos siguieron hacia la cumbre luego de estar de común acuerdo con los americanos”.

Fue allí, mientras apoyábamos a Jaime Viñals, que caímos en cuenta del error que señala Vega. La tercera botella de oxígeno que debería estar portando Juan Pablo, no era una botella, sino un termo con agua. No teníamos oxígeno para ofrecerle a Jaime en su descenso, le dimos el agua y las barras energéticas, y le dijimos que podía disponer del oxígeno que habíamos dejado en la ruta para usarlo en nuestro descenso a 8.500 m y del oxígeno que por error habíamos dejado en el Campo Tres. Es decir que Jaime tenía a disposición media bala de oxígeno en la ruta y una completa en el Campo Tres. Este oxígeno fue efectivamente usado por el grupo en el descenso, pues cuando llegamos de regreso a los 8.500 m no lo encontramos y tuvimos que usar una botella vieja que encontramos entre la “basura”, y que en vez de 11 milibares tenía sólo 3,5 milibares de oxígeno. La otra botella, la que dejamos a 8.300 m, sí la encontramos completa a nuestro retorno al Campo Tres.

Unidos por la cumbre

Consideramos que quedan claras las respuestas. No abandonamos a nadie por alcanzar la cumbre, al contrario, cedimos buena parte de nuestra agua, alimentos y oxígeno al grupo que descendía. Por otro lado, no sabemos qué puede hacer suponer a Vega que nosotros nos dividimos por la cumbre. Al contrario, es esa vieja amistad la que nos ha llevado a adelantar muchas acciones de forma conjunta, y es por ello que actualmente avanzamos como parte del mismo equipo en el proyecto “Expedición Manantial 7 Cumbres”, en el que ya hemos alcanzado el Everest, el Kilimanjaro y el Aconcagua.

Nuestro mensaje a Colombia es que al trabajar en equipo, uno más uno suma mucho más que dos. Que la clave del éxito es la perseverancia y la convicción por hacer las cosas. Que nunca una cumbre vale más que la vida, ni debemos pasar en nuestros intentos los límites personales, ni poner en riesgo a los demás.

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